miércoles, 21 de noviembre de 2007

UN PISCO…… MÁS CANTINERO.


Desde luego casi una semana después del trágico terremoto en Pisco, Ica y alrededores tuve un súbito pesar pero más que un dolor intenso me convine a reaccionar de una manera más reivindicativa y esto es lo que enuncie en ese entonces:


¿Hay que permitir el lenguaje voluntario de la conmiseración? ¡Por dios!, cuanta gente que se quiere morir a pedazos y nadie se da cuenta deberíamos darle un saldo a favor a todos los suicidas del sur.

Soy yo… viaja en el ser, hay un clamor popular, que renace en estos momentos cuando toda la estreches de la alegría se extinguió por completo: y habría que preguntarse entonces por que la solidaridad tiene que estar acompañada de lo imborrable, del hecho que no da para ir atrás. Y se viene la ropa, el alimento y otras cuestiones pero quizás lo mas cercano de nuestro propio y razonable instinto de supervivencia sea la sangre. Había que donar sangre y tal fue la acogida de esa solicitud que surgió un estupido deseo: el ser menos que una cuanticidad de sangre; -y claro que tienes que donar. ¡Oye demonio! ¿Que pasa, estas temblando?-, me preguntaba. ¿Pero por que no te atreviste a donar antes? ¿Por que tenemos un déficit sanguíneo tan descarado cada día, cada día cotidiano? Que desastre queda de las ínfulas sanguíneas maltrechas.

Y claro cuando la muerte se presenta nos conduce a un concepto: la muerte son dos hilos cada uno mas corto que el otro la elección nos involucra pero somos tan despistados que aunque lo mereciéramos no sabemos de cual tirar.
Pero desde acá, desde la esplendida lejanía se goza estar en donde nunca estuviste ni por conmiseración; y digo estar en el terreno de lo humano y toda su sensibilidad. No hay que neutralizar el uso perpetuo de las cercanías. Pero déjate, morir. Por que el llanto se seca, y al final ¿que quisiste? Nada, nada.

Pero nadie estuvo alejado a este reclamo telúrico. Conglomerados y cumpliendo el rito sagrado de estar con la divinidad para salvarnos de toda desgracia, estuvieron decenas de fieles que en ese momento quisieron abordar la escapatoria religiosa y se les cae la casa de Dios en mil pedazos. Pero no te imaginaste que temblaría tanto, que en tu profana voz invocaras a tu Dios al cual le rindes tal pleitesía. Solemos perpetuar que Dios nos haga caso a cada uno de nuestros pedidos y berrinches. Yo considero que somos demasiado pretensiosos. Mandando a que cuide o bendiga a tal o cual por solo invocación… acaso no se dieron cuenta que no somos mandatarios de lo que suponemos divino: somos nosotros… solo eso. Y que si eso nos llenara de gracia y fuese factible, el mundo no estaría como esta. Porque acaso no oran millones de africanos en un mes (tan solo por un pan o por salir de la destrozada vida que llevan); más de lo que seguro oran millones de latinos en todo el año. Lo unico cierto es que somos mandatarios de nuestra buena suerte o de simplemente de la desgracia que nos toco. Quieres redimir la inmensidad de las reacciones urbanas y se te cae la vida de la vergüenza ante las verdades que se destilan de su polvo y ceniza. ¿En rumbo de que fantasía pretendemos vivir? Quien lo sabe. Que importa la inmensidad de la tierra si de ellas proveen nuestras desgracias. Yo, el más ignorante de la especie que cree en su conservación dice: ¿por que?

¿Y que nos trajo el más irónico rugir, el de nuestra propia tierra que nos encarna? Nada. Solo confirmar que estamos pisoteando, como siempre, sus leyes que ni siquiera sabemos deletrear pero que bien suscribimos. Tenemos siempre la excusa de la bandera ideal, ideal tan solo ideal para someter nuestros corazones a un simple sosiego y tu miseria y la de todos queda impune, por que la miseria hoy en día debería ser un delito.

Y también recuerdo las estrellas del océano no tan tranquilo, no tan “Pacifico”. La alerta fue un mar enajenado, que lleno de conjeturas delincuenciales, que mi sordera pudo escuchar y hallo en ello lo cruel que puede ser la mentalidad humana. Y se salio el mar pero nunca en el sitio señalado, inundo silencioso, como la marea serena, lugares que sabia que bien podía azotar y me quedo claro la creencia, que la naturaleza vive y acciona por si misma. Mirad el mar, mirad lo basto y azulejo. El mayor tribunal conspicuo. No grita, no goza de publicidad contratada; su merced. Las ondas del mar: Rítmicas en mis imaginarias frases deja en claro la soledad del entendimiento propio que contrastan con la lejanía de los hechos absolutos.

REFLEXIONES SÚPER… ORDINARIAS.

Se dibuja tan solo lo imposible. Pero estar ciego, callado o silencioso es factible. Por eso pido a tu Dios que me libre de tal estupor. Del de sentirme vivo y casi muerto del alma. Y sobrevienen las furias meridionales, tan geográficas como las placas tectonicas que nos hamacan, solo queda obtener la templanza de desafiarte y recrear los objetivos del alma. Tan símil como el suspiro del moribundo y del recién nacido.

Lo que pasa es que embarcamos los sueños que nos adjudican los más fuertes. ¿Fuertes de que? De la racionalidad del mundo, del genérico pensamiento de tirar todo fuera de lo que se acepta, en contra de la voluntad de lo que emerge de la naturaleza. Casi una alegoría darwiniana se asemeja el concepto.
Pero arrebaza el concepto de la intelectualidad humana. De mí aceptación por lo menos.
Por que siempre hay la opción de quedarse sentado al pie del estrecho camino de las ondas libertarias. Incluso de la lejanía que quieren llegar nuestras propias tierras. Y lo sugiere la lección de lo poco que tenemos en la vida.

Es como aquella avalancha de frió en la altitud andina: Siempre se sabe, nunca se hace nada. Pero no basta que nos tiemble la mano, el corazón y hasta las ganas; pero no se vive y reacciona cada día de ello. Hoy nos tembló la vida, los pies esperando el alborotado fin de semana, la época del acercamiento empobrecido de la tierra con los descalzos, pisoteaste la piedra que se hizo cobre, metal precioso o solo pisaste las ganas de vivir o las ganas de ayudar que la gente viva.

Y así es como se simplifica este telúrico sentimiento de mi corazón. Anduviste cercano y te reíste a destiempo perpetuo de la lejanía y por ello emprendí la risotada en pleno suceso casi cataclismito, empuñe valor superfluo en menos de 20 segundos para que al otro lado de la vereda de la vida la gente se muera en toda su integridad y conviva con la mas impugne miseria…la indiferencia voluntaria¡
Y así termino regocijándome de tu pobreza y de la mía, pero siempre con todo respeto. Pero cuando pase por miraflores o Camacho o los barrios mas check to check de Lima no alces tu mirada. Mirame fijo, fijo a mis ojos que te proyectaran toda tu comodidad lustrosa o solidaria como un café en Star bucks. Pero claro viendo el canal siete, “el Canal Nacional” solo para saber que pasa y quedar satisfecho de tu hipocrito interes, pero siempre queda larcomar y descansas placido. Pero lo importante es el rating que le diste a la inédita televisora. Pero si mi mirada te parece ajena dime cuan hijo de puta soy por no colaborar como tu Dios manda.
Como si un abrazo, lata de atun y un vaso de agua sea tan enriquecedor… es como si a un esclavo perpetuo se le ofreciera un contrato vitalicio por un pequin mas de lo que nunca recibió cual es la diferencia¡
Pero tenemos los inmensos y grandilocuentes 60 minutos que la telefónica nos regala a Pisco y alrededores como conmiseración… como si la voz se transformara en hechizos que renueven lo devastado. Asi como las empresas mineras que suministran un aporte grandilocuente de menos de lo que cualquier niño sabe deletrear de centecimales en la escuela primaria de los pueblos donde se enriquecen por billon por ciento.
Cuan costosa es la mentira.
Pido se me absuelva consideraciones ideológicas. Considérenme hoy como humano y solo eso… perfectible para la muerte.

GONZALO VALENCIA.

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